El Proceso de las Brujas de Pendle

El proceso de brujería que tuvo lugar en Pendle, Lancashire, Inglaterra, fue uno de los más sonados del fenómeno de la caza de brujas en Europa. Los implicados, verdugos y habitantes del pueblo están marcados por la historia, a causa de la persecución demente que Occidente sufrió durante el siglo XVII.


Pues empecemos presentando a las dos familias implicadas, que representan la mitad de los acusados en el juicio (12 personas). Por una parte, había la familia Southerns o Demdike, encabezada por la madre, Elizabeth Southerns, la hija Elizabeth Device, y los nietos James y alizon Device. Por otra parte estaba la familia encabezada por Anne Whittle o Chattox y su hija Anne Redferne. Ambas cabezas de familia eran mujeres muy mayores, que quizás pasaban los 60 años de edad. Junto a esas dos familias tenemos los siguientes nombres: Jane Bulcock y su hijo John Bulcock, Alice Nutter, Katherine Hewitt, Alice Gray y Jennet Preston.


Así empezaron a suceder las desgracias. En el pueblo de Pendle, ambas matriarcas eran consideradas reputadas brujas, y aparentemente no lo negaban. En 1612, ambas familias se acusaron de robo las unas a las otras, y para protegerse se acusaban mutuamente de brujería. Gente de los alrededores secundaban esas acusaciones diciendo que les habían causado enfermedades. La primera en ser acusada fue Alizon Device.


Alizon estaba convencida de sus poderes y admitió sin mucha vacilación ser sierva del demonio. Su hermano y su madre, pero, fueron arrastrados con ella. El hermano no fue muy reticente a confesar que su hermana embrujaba niños, y la madre de ambos acusó a la vieja Demdike (su propia madre) de ser una bruja.


La vieja Demdike acusó a la otra familia de practicar brujería, por viejas rencillas y antiguas acusaciones que no pasaron de los muros del pueblo. Pero la familia Chattox pasó también a disposición judicial. Madre e hija fueron acusadas de modelar figuras de arcilla y herir a algunas personas con su magia.


Antes de ser condenadas, ambas familias se reunieron en el abril de 1612, junto con una mujer llamada Jennet Preston, reputada bruja de yorkshire, para intentar arreglar los conflictos antes de morir todos en la hoguera por brujería. Esa reunión se vio como un sabbat en toda regla, y no tardaron mucho en coger a todos los implicados y condenarlos.


Con tantas acusaciones cruzadas, no fue difícil someter a todas esas personas a un juicio dudoso y condenarlas por brujería. En ese proceso, 12 personas fueron acusadas, y de ellas, 10 fueron ejecutadas. Una murió en prisión esperando su ejecución, y la última fue juzgada culpable años más tarde.


Curiosamente, se escribió un extenso documento llamado The Wonderfull Discoverie of Witches in the Countie of Lancaster, pero la ocasión lo valió, pues los juicios de Lanchashire representan un 2% de los juicios y ejecuciones por brujería en Inglaterra en tres siglos. Rara vez se juzgó a tanta gente al mismo tiempo. Pero el poder de las propiedades y los bienes, las envidias entre clanes y las confesiones de algunos miembros terminaron lo que parecía ser un duelo entre familias como una persecución masiva, implicando cada vez a más gente.

LINKS:

http://en.wikipedia.org/wiki/Pendle_witches

http://www.personal.psu.edu/faculty/j/p/jpj1/witch.htm

http://www.pendlewitches.co.uk/

Joanna de Riu, bruja de los Pirineos


Es curioso que siempre tengamos que tirar a las islas Británicas para hallar procesos contra brujas en el pre-Renacimiento. Por eso, en este caso, quiero hacer un homenaje a las mujeres injustamente acusadas (y otras con cierto fundamento, aunque pocas) llamadas “brujas” locales, más concretamente a las brujas de los Pirineos catalanes.

Joanna de Riu, habitante de la Pobleta de Bellveí, Lleida, fue una de esas personas que, sin comerlo ni beberlo, se vio acusada de brujería por más de 25 vecinos el mes de noviembre de 1539.

No obstante, además de las típicas acusaciones que se le hicieron, como envenenar el ganado o la comida, tener muñecos con agujas (que en ese caso resultaron ser pollitos de cera), y de las consabidas relaciones carnales con el Diablo, se acusó a Joanna de un hecho que, fuera cual fuera su naturaleza, tenía algo de real.

Un hombre del pueblo llevó a Joanna su hijo enfermo, ya que por lo visto Joanna tenía la capacidad de curar enfermos (curioso dato a apuntar en el tema de la antropología). Desgraciadamente, se explica que después de hacer un preparado de hierbas cogidas la noche de San Juan, Joanna procedió a curarlo, pero el chico murió al instante. Puede que por venganza (lo más probable), pero con cierto matiz de realidad, Joanna tenía conocimientos de “pseudo-medicina”, y era conocida por ello en el pueblo.

Otras acusaciones con menos fundamento, que casi sin duda surgieron a partir de la locura brujeril, incluyeron el hecho de haber visto a Joanna con un sapo en las rodillas (en Cataluña relacionados estrechamente con las brujas), así como la acusación particular de una vecina, que la culpó de haber cocinado queso fresco envenenado.

Todas esas “pruebas”, por muy negadas que fueran por Joanna, eran suficientes para llevar a Joanna a horribles sesiones de tortura, y finalmente, el año 1540, ataron a Joanna encima de un banco con los pies descalzos ante una hoguera, que iba quemándole los pies. Joanna confesó todo y más. Su muerte se perdió en la historia.