Joanna de Riu, bruja de los Pirineos


Es curioso que siempre tengamos que tirar a las islas Británicas para hallar procesos contra brujas en el pre-Renacimiento. Por eso, en este caso, quiero hacer un homenaje a las mujeres injustamente acusadas (y otras con cierto fundamento, aunque pocas) llamadas “brujas” locales, más concretamente a las brujas de los Pirineos catalanes.

Joanna de Riu, habitante de la Pobleta de Bellveí, Lleida, fue una de esas personas que, sin comerlo ni beberlo, se vio acusada de brujería por más de 25 vecinos el mes de noviembre de 1539.

No obstante, además de las típicas acusaciones que se le hicieron, como envenenar el ganado o la comida, tener muñecos con agujas (que en ese caso resultaron ser pollitos de cera), y de las consabidas relaciones carnales con el Diablo, se acusó a Joanna de un hecho que, fuera cual fuera su naturaleza, tenía algo de real.

Un hombre del pueblo llevó a Joanna su hijo enfermo, ya que por lo visto Joanna tenía la capacidad de curar enfermos (curioso dato a apuntar en el tema de la antropología). Desgraciadamente, se explica que después de hacer un preparado de hierbas cogidas la noche de San Juan, Joanna procedió a curarlo, pero el chico murió al instante. Puede que por venganza (lo más probable), pero con cierto matiz de realidad, Joanna tenía conocimientos de “pseudo-medicina”, y era conocida por ello en el pueblo.

Otras acusaciones con menos fundamento, que casi sin duda surgieron a partir de la locura brujeril, incluyeron el hecho de haber visto a Joanna con un sapo en las rodillas (en Cataluña relacionados estrechamente con las brujas), así como la acusación particular de una vecina, que la culpó de haber cocinado queso fresco envenenado.

Todas esas “pruebas”, por muy negadas que fueran por Joanna, eran suficientes para llevar a Joanna a horribles sesiones de tortura, y finalmente, el año 1540, ataron a Joanna encima de un banco con los pies descalzos ante una hoguera, que iba quemándole los pies. Joanna confesó todo y más. Su muerte se perdió en la historia.

Con la excelencia hemos topado


(Ubicación original: http://www.auryn.org)

¿Os habéis preguntado por qué hay gente que no debiera ser pagana o por qué hay gente que debiera serlo y no lo es? Seguro que no os suena nada raro si os digo que hay gente gritando por ahí que es pagana creyéndose un hada o un ángel (¡!), y que al mismo tiempo hay gente, que al ver ese escenario, huyen del paganismo como de la peste pensando que es un juego de rol para gente que se aburre en casa y no sale los fines de semana.

Pues yo me he estado preguntando eso, además de otras cosas que causan y que se derivan de esa situación, y he llegado a la conclusión siguiente: se confunde ser pagano con querer llegar a la excelencia espiritual.

Al principio, a todos nos pasa, la luz de las nuevas creencias que abrazamos nos ciega, y queremos saber más y más, hasta llegar a un punto en que queremos “masterizar” esas creencias, y queremos ser autoridades en ello. Eso a mi me parece normal, en el calentón del momento. Lo que no me parece normal es que todo el mundo parezca quedarse en esa fase. Para la gente cuya personalidad es muy mística y capaz de llegar a esos niveles de compenetración con las deidades o espíritus de su tradición, perfecto. Pero hay gente que no es espiritual, y que se fuerzan a serlo porque creen que así estarán más en contacto con los dioses, o el Otro Mundo, o con quienquiera en quien crean. En esos momentos, gente que debiera estar explotando facetas más constructivas de sus ser se dejan de lado e intentar sobreexplotar aptitudes que ni tienen. Pero no, la gente se fuerza a encontrar, y descubrir todos los secretos… Pensémoslo por un momento, las religiones paganas no se basan en el secreto tras secreto. Solo hay una religión (¿neopagana acaso?) cuya tradición y objetivo es histérico y hermético, y esa es la Wica. Los secretos se reservan a la clase sacerdotal en LA MAYORÍA DE LAS RELIGIONES, o ¿acaso los rituales de las vestales griegas, los rituales druidas y demás estaban abiertos al público? ¿Qué sacaría el público de ello? Nada, de hecho la entrada les estaba vetada, y por lo visto a pocos les importaba. Pero claro, si no eres el mejor, no eres nada, ¿no?

Lógicamente, esto crea un dilema a los practicantes de las religiones: por un lado todo el mundo quiere conocer dioses, prácticas, cultos en los que cree, pero si todo el mundo fuera alto sacerdote, ¿a quién gobernarían? Imaginemos un país lleno de brahmanes hindúes ¿qué sentido tiene? Además, ¿es necesario? ¿Solo mola si estás arriba del todo? ¡Cómo no! ¿Para qué necesitas artesanos, guerreros o incluso esclavos? Para nada. Que te mantengan (sin cuya ayuda no durarían ni dos días) es algo secundario y prescindible.

Desde mi punto de vista, creo que voy a ser un poco antisistema: yo no nací para ser sacerdotisa, ni para ser un brahmán, ni para ser druida, y no por eso los dioses me escuchan menos.

Supongo que lo que voy a decir ahora va a doler bastante, pero espero que lo que voy a decir se lea correctamente: en algunas ocasiones, debiéramos fijarnos en los cristianos. ¿Acaso todos pretenden ser Cardenales o pontífices? No, sólo la gente con actitudes místicas y preparadas para ese tipo de vida espiritual llevan a cabo una senda como esa. Los demás incluyen su fe en su vida diaria, de una forma más o menos evidente, y nadie les juzga por ser más o menos cristianos (salvo raras ocasiones).

Entonces me diréis, ¿Ya no puedo hacer rituales, ni llamar dioses ni nada así? Para nada. Además de recordaros que esto es una opinión personal, os recuerdo que debiéramos usar un poco el sentido común. Si tenías unas habilidades, aptitudes, e intereses antes de ser pagano, ¿ahora las dejarás de lado e intentarás volverte un asceta que vive en el Otro Mundo? Pues déjame advertirte que esto explotará un día u otro, y que podrías adaptar tus creencias a tu personalidad, no al revés, porque entonces te estarás mintiendo toda tu vida, y terminarás huyendo de eso porque no podrás cumplir las expectativas que se esperan de los rangos más altos (aunque en realidad, todos somos válidos en algo).

Con todo esto yo sólo pretendo que pensemos en la senda que escogemos, y si nos es necesario forzarnos tanto para descubrir unos secretos que puede que ni necesitemos. Ojo, con eso no desprestigio tradiciones enteras basadas en eso, ni organizaciones dedicadas a todo eso, pero espero y supongo que toda la gente que invierte tantos años en algo así es porque están hechos para eso.

Del sentido común y las velas de colores


(Este post original está en http://www.auryn.org)

Llevo tiempo meditando sobre hacer un artículo así, y he llegado a la conclusión que aquellos que se ofendan, es porque se ven reflejados en él, y eso a mí no me concierne. Siento si alguien se enfada, pero que conste, que yo critico tanto personas como corrientes de todo tipo, no me centro en ninguna en particular.

Pongamos esta situación. Un lugar cualquiera de Europa, año 1600. Una hechicera/bruja/médico/partera/alcahueta/mujer pagana entra en una supuesta tienda esotérica imaginaria.
-A ver, quiero: dos velas rosas, un saquito de incienso (de este árabe que cuesta una pasta y que es imposible encontrar en Europa en el siglo XVII), un cáliz de plata, sí, ese con el pentáculo, (para que me pillen bien rápido cuando la inquisición llegue a mi casa), una varita calibrada por un maestro de Reiki, y, mmm…, si tienes, ponme también cuatro cordeles de seda roja…hoy me sobra el dinero y la seda está barata, lo chino ya ha bajado de precio desde que Colón descubrió América…
-Oh, espere, acaba de llegar una remesa de Fluorita desde Taiwán. ¿Le pongo dos piedras?
-Sí, pagaré con VISA del Medievo.

Otra situación: la Galia, año 90 AC. Una familia/tribu gala se dispone a hacer un ritual:
-Oye, Artius, ¿por qué celebramos esto que se llama Yule?
-No lo sé, lo pone en un tratado que dice que nosotros celebramos esa fiesta, aunque es un poco raro, porque por el nombre parece nórdica o germánica, y no sé qué pasa con el ganado ese tal Yule.
-Bueno, si lo pone en este tratado, es que es verdad.
-Empecemos, pues… ¡Oh, Dagda…!
-Dagda, ¿quién es este?
-Un dios al que adoramos… bueno, nosotros no, unos vecinos nuestros.
-¿Es curioso no? ¿Por qué lo llamas, si no lo conocemos?
-Lo pone en el tratado.
-Ah perdón, sigue.
-Oh Dagda, Brigantia, Cernunnos, Lugh, Cerridwen, Morrighan os entregamos estas patatas…
-Primero, ¿qué es toda esta gente? Y segundo, ¿qué son las patatas?
-Esta gente es una lista de dioses en los que teóricamente creemos.
-¿Y qué hacen?
-Son dioses de la muerte, del Sol, otro de la Muerte, uno de la Luz…
-Con dos dioses nos basta creo, esta vez no tiene mucho sentido llamar a tanta gente, ¿no?
-Sí, creo que será más práctico si tacho estos cuatro. Y la patata ésta es por lo visto una verdura muy lejana.
-¿Y qué sentido tiene entregarle patatas a este tal Dagda?
-La verdad, no lo sé. Dice aquí que para llegar a ese estado de tránsito extrapersonal con la deidad hay que ofrecer un símbolo de la fertilidad para así reconocer su poder y llevar a cabo un ciclo de no sé qué, aunque después se discute a sí mismo y habla sobre la antropología de unos “celtas”.
-Vaya, y yo que quería dar las gracias por la cosecha…

No pretendo ser muy ofensiva, pero el sentido común pone sus propios límites. El paganismo (y considero que el Neopaganismo también) es una religión, o más aún, una forma de vida. Como en toda forma de vida, lo práctico es más lógico y fácil. Entonces, ¿qué interés tenemos en ponernos todas esas trabas?

Tanto en el ejemplo de la bruja como en el de los galos yo veo varios defectos:

-No cuestionar lo que nos dicen: la bruja compra y compra cosas que se le exigen desde arriba sin cuestionarlas, como los galos, confiando en la autoridad que se le ha dado a un escritor, que no deja de ser un individuo con su visión objetiva de las cosas. Eso hace que estemos siguiendo una opinión, que puede ser cierta o no. y en ese error caemos todos: si lo pone en un libro es verdad. Pues la mayoría de veces, es mentira, lo siento mucho. En sendas que dicen seguir tradiciones antiguas, las faltas garrafales como estas a menudo se pasan de largo, y es una pena, porque lo que teóricamente intentamos, es llegar al mismo punto al que se llegó en la antigüedad. Con esto no digo que no tengamos que adaptar lo que sabemos y hemos encontrado a aquello en lo que creemos, pero hagámoslo con cierta lógica.

-No ser práctico. La mayoría de paganos (me incluyo), tenemos un defecto que hce que a menudo caigamos en la más profunda estupidez: nos olvidamos de que la religión (y la cultura) se lleva dentro, y que no hay que forzarla con un calzador grabado con triskeles, sino que tiene que naturalizarse con nosotros mismos. Forzarse a celebrar cosas que para uno no tienen sentido, o a venerar cosas que no conocemos, como en el caso de los galos, no hace que seamos más paganos, sino que hace que veamos la religión como algo distante y artificial, como “de fin de semana”. Cuando dudo del pragmatismo de algo, me pregunto: ¿en serio crees que esto lo hacían X? Si eso es posible, hay un punto a favor. Si la respuesta es ridícula, sólo haría que gastara tiempo, dinero, e imaginación.

-No ser coherente: todo lo anteriormente dicho tiene una respuesta: lo hago porque me sale del moño. Bien, me alegro de que sepas lo que haces, y que seas consciente de tus actos. Si ese es tu caso, entonces eres coherente. Si dices, “hey, yo ya sé que las brujas de la Edad Media no usaban Mirra ni velas rosas para llamar al amor, pero a mí me funciona”, entonces de acuerdo, pero uno tiene que poder justificar aquello que hace, y ser coherente con ello. Si usas velas rosas, me parece bien, pero admite por lo menos que no las usaban los sacerdotes egipcios, porque engañarte no te hará más feliz.

-Darle constantemente explicaciones metafísicas a lo que hacemos: ¿de verdad hay alguien que se crea que los galos del siglo I AC se preguntaban el por qué de lo que creían y las concesiones metafísicas y antropológicas de sus creencias? Es curioso que yo me queje de esto, porque tengo un foro sobre reconstruccionismo en el que se debate todo lo relacionado con los celtas, en ámbitos metafísicos y antropológicos, pero yo creo que ese es mi rol en este caso. Y no todo el mundo necesita el mismo rol para practicar una religión. ¿Tengo que recordaros que para creer en algo sólo es necesario creerlo y saber por qué lo crees? A veces damos demasiadas vueltas a cosas que son naturales, como uno mismo.

Bueno, esta es mi crítica a todo el paganismo (sea reconstruccionista, recreacionista, Neopagano, feliz, infeliz…), y a todos los paganos, espero que os hayáis reído mucho, y espero vuestras críticas y hechizos de atadura con cordeles de satén negro para la ocasión.